JUÁREZ BAJO LA LUPA GRINGA
Segunda Parte
Lic. Pedro Rivera Briseño
EL CONSEJO DE GUERRA Y LA EJECUCIÓN DE MAXIMILIANO
Casi todas las acusaciones que se hicieron a Maximiliano, podrían con igual derecho hacérselas a sí mismos Juárez y sus secuaces; pero a Juárez le importaba tremendamente la sentencia de muerte del Emperador, pues en su pertinaz y soberbia insistencia de quitarle la vida veía satisfechos sus instintos de raza y consideraba el hecho como una bofetada simbólica en el rostro de todos los monarcas de Europa y en particular de los descendientes de Carlos V. Hasta supo desentenderse de la suplica que le envió William H. Seward, Secretario del Exterior de E.U.A. pidiendo clemencia. Con gusto había extendido la mano a los Estados Unidos cuando necesitaba ayuda para sus fines; pero ahora ya no le hacía falta, y quería que el mundo supiera que él era independiente. Cuando la esposa del Príncipe Salm fue a verlo a San Luis Potosí y se puso de rodillas en su presencia y llorando le pidió la vida de Maximiliano, Juárez le respondió fríamente: “siento, señora, el verla a usted arrodillada delante de mí; pero si todos los reyes y reinas de Europa estuviesen en su lugar yo no podría perdonarle la vida “No era Juárez para tomar a Lincoln como dechado. Este jamás aborreció y hasta el fin de su vida siempre invocó la paz, conforme a la tradición americana.
Por su parte, Maximiliano se engrandecía tanto más, cuanto más se acercaba a la muerte, y el 14 de Junio escribiendo al embajador de Austria, Barón Lago, le decía: “ haga todo lo que pueda para salvar a los oficiales y soldados Austriacos que aún quedan en México, y para ayudarles a regresar a Europa “. Habiéndosele dado la falsa noticia de que su esposa había muerto, escribió con mano temblorosa una posdata en que decía: “Acabo de saber que mi pobre esposa ha sido liberada de sus sufrimientos. La noticia me destroza el corazón, pero en la situación presente es un consuelo para mí. Solo tengo una súplica que hacer a este mundo: que mi cuerpo sea depositado junto al de mi pobre esposa “.
Cadaver de Maximiliano momificadotras el primer embalsamiento en México
Trágico fin del sueño de Miramar
Se celebró el consejo de guerra: tres votos fueron de destierro perpetuo y tres fueron de muerte. El presidente, un joven Teniente Coronel, añadió el suyo a los últimos, sellando con eso la suerte de Maximiliano, Miramón (Miguel) y Mejía. (Tomás) La ejecución el día 16 de Junio a las tres de la tarde. Los presos pasaron las últimas horas escribiendo cartas de despedida y preparándose a la muerte.
Cada uno de los condenados a muerte hizo su confesión sacramental con un sacerdote y recibió la Sagrada Comunión. Pero dieron las tres de la tarde y nada sucedió. A las cuatro se les informo que Juárez había concedido una demora de tres días, y los prisioneros pudieron creer al principio que ello indicaba que Juárez acabaría por conmutar la sentencia; pero se vio que tales esperanzas eran vanas. Cuando Maximiliano dirigió un telegrama a Juárez suplicando ser el la única víctima, la respuesta fue negativa. Por otro lado Escobedo se ofreció a interceder por Mejía, que le había salvado la vida en cierta ocasión; pero este replico que aceptaría su mediación solamente con la condición de que incluyese a Maximiliano y a Miramón, y como Escobedo no quisiera hacerlo así, Mejía dijo: “ muy bien, entonces que me fusilen con su majestad “.
A las tres de la mañana del 19 de junio de 1867 se levantaron los tres y oyeron la misa que dijo su confesor, el Padre Soria, delante de ellos, y comulgaron. Maximiliano saco de su bolsillo su rosario y lo entrego al Doctor Basch, como ultimo recuerdo para su querida madre. A la hora señalada se dirigió a las celdas de sus compañeros y pregunto: ¿están ustedes listos, señores? Yo estoy preparado. Abrazo a Mejía y a Miramón diciendo: “pronto volveremos a encontrarnos en la otra vida “.
Subieron a los coches que los esperaban, y fueron llevados con una fuerte escolta militar al Cerro de las Campañas, donde se habían rendido. Mejía se hallaba muy debilitado por larga enfermedad, y al ver a su joven esposa con un niño en brazos, se sintió desfallecer, ascendieron por la pendiente del cerro, y fueron puestos de cara al sol naciente de Querétaro, Maximiliano en medio, Miramón a su derecha y Mejía a su izquierda; pero Maximiliano, volviéndose a Miramón, “general – le dijo - , un valiente debe ser honrado por su soberano aun en la hora de la muerte. Permítame que le dé el sitio de honor “, y lo puso en medio. Sus últimas palabras fueron: “perdono a todos y ruego que me perdonen también a mí. Ojala que mi sangre sea de provecho para este país. ¡Viva Mexico!
¡Viva su Independencia! Se leyó la sentencia, el pelotón armado a un solo metro de distancia apunto sus fusiles, y tres detonaciones repercutieron desde el Cerro de las Campanas en eco fúnebre: tres hombres rodaron muertos al suelo. Maximiliano, Miramón y Mejía. Su esposa Carlota victima de esquizofrenia hasta llegar a volverse completamente loca tuvo que ser encerrada hasta su muerte (1927). Ella creía que seguía en México y tenía una muñeca a la cual le llamaba “Máx.”.
Este aspecto presentaba Maximiliano en su velorio en Viena
P.D. de “Frente al Cerro Colorado”:
Nota 1: El emperador enfrentó su muerte con valor antes de ser fusilado. El solo habló en español y ofreció a sus ejecutores una porción de sus monedas de oro para que no le dispararan en la cabeza y así su madre pudiera ver su rostro. A pesar de haber tomado el dinero el pelotón de fusilamiento Juarista le disparó en la cabeza. (www.casaimperial.org 2003)
Nota 2: Para satisfacer su venganza Juárez inspeccionó el cadáver de Maximiliano en la ciudad de Mexico, donde fue embalsamado por segunda vez. Este segundo embalsamiento se hizo en la iglesia de San Andrés, y a consecuencia de ello la iglesia dicha se convirtió en lugar de peregrinación para los antiguos imperialistas. Juárez mando demoler la iglesia en una sola noche, y en su lugar se ve hoy la Secretaria de comunicaciones y obras publicas.
(Schlarman, México Tierra de Volcanes. 1950)
Nota 3: Después de difíciles negociaciones con un incomplaciente Juárez, quien tuvo que soportar la crítica del siempre amistoso Washington, el cuerpo de Maximiliano fue devuelto a Austria en el mismo barco, S.M.S. “NOVARA” el cual lo había traído a México, era ahora el que se llevaba su cuerpo a Trieste y su final lugar de descanso en la cripta imperial de Viena. (www.casaimperial.org 2003)
Estimado lector: ¿Qué opina usted de Joseph H. L. Schlarman en su visión crítica sobre Benito Juárez? Le agradezco su comentario al respecto (Lic. Pedro Rivera Briseño).