EL ROSARIO DE AMOZOC
Lic. Pedro Rivera Briseño
“…LA CULATA, TOMÓ EL PESADO CRISTO DE BRONCE Y LO ENARBOLÓ CUAL CONTUNDENTE MAZO. CON MIRADA FIERA CLAVO LOS CUCHILLOS DE SUS PUPILAS SOBRE UNA VIEJA Y DESCARGÓ CON TODAS SUS FUERZAS EL GOLPE QUE HIZO QUE LA PLEBE QUE LOS RODEABA, FUERAN BAÑADOS CON UN CHORRO DE ROJA Y RELUCIENTE SANGRE...”
(BOLETIN INFORMATIVO, # 98, 20 DE JULIO DE 1797)
Amozoc; pueblo tranquilo y silencioso, cuyas estrechas callejuelas desembocan a la pequeña placita de viejos árboles y tosca fuente… En rededor se distinguen las herrerías que sin parar labran artísticamente el hierro, ya que esta labor es la que hace que Amozoc sea conocido en todo el país.
Más sus espuelas son las que le han dado fama, incluso en el plano internacional…
Los amozoqueños eran muy devotos; usando su gran habilidad con el hierro, confeccionaban cristos de todos tamaños y de diferentes metales: oro, plata, bronce, hierro, en fin… ¿con que objeto hacían esto?
LA PROCESIÓN
Cada año, en Amozoc, en el mes de Julio, las calles se inundan de gran algarabía y regocijo, ya que se hace la más vistosa y solemne procesión de Cristos, que es la de más fama en todo el estado de Puebla… Ahí todo el pueblo participaba: chicos y grandes, jóvenes, niños y ancianos, ricos y pobres. Cada uno llevaba en alto, con devoción y amor, un crucifijo. Los turistas que venían de otros estados la conocían como la procesión de los cristos…
Había imágenes de todos tamaños y formas; hasta de madera. Todos los Cristos lucían llagas sangrantes, grandes espinas, cicatrices, largos verdugones, grandes cabelleras humanas con cendales, anaguillas bordadas en oro, plata, listones de colores, lentejuelas, chaquiras, en fin…
No podían faltar los Cristos de marfil y pequeños crucifijos rodeados de flores que los niños portaban alegremente…
NO PODIA FALTAR EL ROSARIO
La larga procesión llevaba a cuestas sus Cristos, dando al evento un aire pintoresco. El rosario se rezaba a cada momento, el cual se hacía acompañar con música y con cantos en todos sus misterios…El viejo órgano de la parroquia era afinado unos días antes y subido a un carro tirado por mulas. Un músico le arrancaba alegres notas mientras que la procesión lo seguía con cantos y rezos.
No podía faltar el predicador que llenaba con su alegre arenga la festividad. Siempre venía uno de los más reconocidos de Puebla de los Ángeles…
A MEDIO REAL LA PARTICIPACIÓN
Pronto, la peregrinación recorría la amplia nave; entraba por la antesacristía y ahí los esperaba el sacristán quien cobraba por cada Cristo medio real por derecho de peaje. De ahí seguían de nuevo por la calle y rodeaban la parroquia; pasaban por la plazuela cantando alabanzas…Cuando se dirigían hacia la sacristía, en el interior de la iglesia, cambiaban de cantos: de alabanzas a cantos lamentosos…
Ya ahí, se oficiaba la misa y todos recibían la bendición. Con esto, terminaba la festividad y todos se iban a sus casa contentos y comentando los incidentes y los adornos y bordados que llevaban las imágenes de todos los demás…
EL INCIDENTE
Pronto, llegó el año de 1797, en donde sucedió algo que conmocionó a la Nueva España…Se inició la famosa Procesión de los Cristos como de costumbre, más esta vez, cuando llegaron hasta donde estaba el sacristán cobrando el medio real de peaje, una anciana comenzó a alegar que no era justo que ella pagase el medio real llevando un Cristo tan pequeño, mientras que el hombre que iba a su lado llevaba un Cristo de gran tamaño y le cobraban lo mismo.
--¡Oiga usted, esto me parece carísimo! – Decía la anciana. --¡solo le daré cuartilla!--…
Respondió el sacristán: “¡comprenda, por favor! ¡Éste precio se ha cobrado desde hace varios años, por Cristos ya sean grandes o ya sean chicos! ¡No puedo conceder rebajas, ya que no estoy autorizado para hacerlas!...”
Más la vieja cicatera discutía acaloradamente: --¡ya le dije, solo puedo dar cuartilla, y diga su mercé que le fue bien, porque es mucho dinero los tres centavos que le estoy ofreciendo!--…
Más el del cristo grande terció muy acalorado en la disputa y en cuestión de segundos se trabó un violento altercado. Los que venían detrás de la anciana se aglomeraron ansiosos en la puerta de la antesacristía para enterarse por qué era aquella discusión interminable, y los que iban adelante del que llevaba el Cristo de gran tamaño se regresaron también a ver…
Pronto, los que estaban atrás y los que estaban adelante empezaron a dar razones en pro y en contra de la vieja regateadora y tacaña…
Las personas que venían más atrás, ignorantes de lo que estaba sucediendo al no poder avanzar un paso más, dieron voces de impaciencia: gritaban que continuase la peregrinación, más la fila no avanzaba y los rijosos seguían en lo suyo sin importarles los demás…
Pronto, se hizo tal aglomeración que nadie podía entrar ni salir…
SE ARMA LA GRESCA
Desesperada, la gente comenzó a empujarse para tratar de avanzar, y así que la procesión siguiera su camino. Como nadie se movía, los empujones empezaron a ser cada vez más fuertes, mezclados con palabras agrias, ofensivas y soeces.
Un abusivo, aprovechando la confusión, manoseó a una guapa dama, más el marido se dio cuenta y el puñetazo hacia la nariz del gañán no se hizo esperar. Al sentirse golpeado, el sujeto cayó sobre unas personas rompiéndoles el Cristo de barro que llevaban. Inmediatamente, se armó la gresca: unos para defenderse y otros para defender a sus familiares o amigos agredidos. Los puños salieron a relucir en los hombres y las uñas en las mujeres. Ya todo fue escándalo y confusión llena de gritos y groserías, donde no se respetaba ni a las señoritas ni a los ancianos…
Así, de los golpes con las manos se pasó a darlos bonitamente con los Cristos, que eran magníficas armas contundentes, entre un gran alboroto, los esgrimía defendiéndose o atacando con saña.
Continuará …